La Italia auténtica III – Nacionalidad ” Al dente”

La Unión Europea, Estados Unidos, occidente en general, ha diseñado unas particularísimas y, muchas veces, ridículas condiciones para otorgar la nacionalidad a los extranjeros residentes. El miedo a tener que compartir la abundancia genera unos controles rigurosos, tiempos de espera larguísimos plagados de papeleo y, finalmente, cuestionarios y entrevistas personales en las que, antes de jurar la Constitución, al aspirante se le preguntan cuestiones sobre historia del país, legislación, costumbres y hasta la receta del “zarangollo”, plato típico de Murcia, como ocurrió con un candidato muy cercano, tanto, que está en mi casa. Naturalmente con el DNI español en el bolso.

Hay otras maneras de conseguir la nacionalidad. Yo mismo, por ejemplo, acabo de obtener la nacionalidad italiana por el método denominado “ al dente”. Como la pasta, si, porque es el baremo para medir el nivel de identificación con el país.

Ocurrió de forma espontánea, en casa, a la hora de comer, con la mesa puesta y la pasta ya bailando una Tarantella dentro de la olla. Mi suegra, Erminia, con toda naturalidad porque estaba terminando de aderezar la Pizzaiola y no podía hacerlo me dijo:

César, per favore, assaggia la pasta e vedi se  è pronta. (César, por favor, prueba la pasta y mira a ver si ya está lista)

En la cocina estaban conmigo, mi suegro, Emilio y mi mujer, Lucia… y me lo había pedido a mi. No  puede ser, pensé, lo ha hecho por cortesía, por familiaridad, pero seguro que después de mi diagnóstico, la prueba ella para estar segura. Disimulando para que no se me notara la emoción por la trascendencia del momento tan importante que estaba viviendo, me dirigí a la olla muy concentrado… César… este es tu minuto de gloria .. no puedes fallar. Pesqué con la cuchara unos penne  humeantes ( si ya sé, vaya nombrecito, en España somos tan remilgados que les llamamos “plumas”) y lo probé. Tras masticar unos segundos en un silencio solemne, dictaminé jugándomela.

– Mancano ancora  due minuti. ( Todavía faltan dos minutos )

Mi suegra me miró y simplemente dijo, “ Va bene”. A los dos minutos, sin probarla de nuevo, escurrió la pasta y sirvió los platos.

Ese día adquirí la nacionalidad italiana de verdad, mucho más que si me hacen enumerar las provincias de Italia o el número de diputados de la República. La pasta, deliciosa, al dente, naturalmente.

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